La exposición 'Tudela, el legado de una Catedral' es un hermoso complemento de las importantes obras de restauración que se han venido desarrollando durante estos últimos años.
El visitante podrá admirar la magnanimidad y maestría con la que el Gobierno y las Instituciones de Navarra han sabido restaurar los daños que los años habían inflingido a la Catedral durante los largos siglos de su existencia y recuperar su esplendor original para gozo y edificación de sus visitantes.
La Catedral es un símbolo y como un resumen de toda la historia de la Ciudad, por lo menos en su ya prolongada existencia como ciudad cristiana. Su edificación comienza pocos años después de que el rey Alfonso I recuperara para los cristianos la Ciudad de Zaragoza y todo su contorno, incluida la plaza importante de Tudela (1119). Desde entonces todos los años y todas las épocas han dejado su huella en los muros, en el mobiliario y sobre todo en la vida de la Catedral.
Primero como Colegiata y más tarde como Catedral la Iglesia de Santa María la Blanca ha sido centro de la vida religiosa y de la vida cultural de la Ciudad. Por eso tiene una significación importante el poder contemplarla ahora en su original solidez y esplendor.
La exposición muestra la importancia de las intervenciones en la restauración de los elementos arquitectónicos, de la totalidad del mobiliario y la importante investigación en el subsuelo y el contorno de la Catedral.
Es obligado agradecer al Gobierno de Navarra la sensibilidad y la generosidad con la que ha acogido la idea de restaurar este monumento central del patrimonio histórico, artístico y religioso de la Ciudad. La Fundación para la Conservación del Patrimonio Histórico de Navarra ha sostenido el esfuerzo profesional y económico que esta empresa ha requerido. Los vecinos de Tudela y la comunidad católica del Obispado de Tudela sabremos apreciar y agradecer este esfuerzo.
La Iglesia católica, en este caso el Obispado de Tudela, es el titular y el primer usuario de este hermoso monumento, enteramente abierto al servicio de todos los ciudadanos y visitantes, cristianos y no cristianos. Con toda razón el Gobierno de Navarra ha dedicado un buen montante de dinero público a restaurar un edificio que está plenamente integrado en el patrimonio de la Ciudad y de la Comunidad Foral, y es una riqueza común en la vida de los tudelanos y de los numerosos visitantes, ya sea en el ejercicio de su vida religiosa como en el goce y disfrute artístico e histórico de algo que socialmente les pertenece y forma parte de su vida.
Esta exposición es una demostración suficiente de la alta calidad profesional y de la fina sensibilidad histórica y social de quien han hecho posible la restauración de este imponente edificio, respetable desde todos los puntos de vista, por su naturaleza religiosa, su calidad arquitectónica, sus complementos artísticos y su proyección social y cultural.
Fernando Sebastián
Obispo de Tudela
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